ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
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La humillación no puede resultar más cruel. Durante 59 años han vivido como refugiados, a quienes se les niega el derecho al regreso. Suman más de la mitad de la población palestina, y una buena parte de ellos son parias en su propia patria.
Jenin, un campo de refugiados palestinos arrasado por los ocupantes israelíes.
En esas pocas líneas podría resumirse una historia que comenzó el mismo día en que, en 1948, nació el Estado de Israel y por la resolución 181ª de la ONU se produce la partición territorial para dar cabida a un nuevo ente que rápidamente ocupó las mejores zonas, dotadas de agua, con puertos y otras ventajas, mientras que los palestinos, en una verdadera limpieza étnica, eran obligados a abandonar sus hogares y emigrar hacia otras zonas o a países vecinos, donde se instalaban los primeros campamentos.
Ese primer año de existencia del Estado hebreo, 561 aldeas y pueblos palestinos fueron totalmente arrasados. Unos 800 000 habitantes tuvieron que emigrar. Fueron hacia Gaza, Cisjordania, Jordania, Siria y Líbano, creándose 56 campos de refugiados.
No obstante, otros 120 000 palestinos quedaron dentro del naciente Israel, cifra que hoy supera el millón.
La comunidad internacional ha sido mudo testigo del parto israelí, que venía acompañado de un apetito voraz donde la población palestina se convertía en su presa como importante eslabón en la cadena de la conquista territorial actual.
Posteriormente, aproximadamente el 35% de los habitantes palestinos de Cisjordania, Jerusalén oriental y la Franja de Gaza fueron expulsados durante la guerra de 1967. Israel expropió la mitad de sus tierras, revocó los derechos de residencia de 100 000 palestinos, demolió 20 000 hogares y asentamientos de refugiados, y confiscó miles de kilómetros cuadrados de tierras.
Hoy, toda solución a esta verdadera injusticia, pasaría por lo que el embajador palestino en Cuba, Ibrahim Al Zeben, denomina un triángulo compuesto por: territorio, Estado y población.
Al respecto, explica el diplomático, el tema territorio está avalado por tres resoluciones de la ONU, la 181, de la Asamblea General, y las 242 y 338 del Consejo de Seguridad, en las que se le reconoce a los palestinos, primeramente en el 42% del espacio y finalmente en un 22%, pero que, en ninguno de los casos, Israel ha permitido su aplicación.
En cuanto al Estado, desde 1948 se plantea que con la creación de Israel habría dos entidades, una de ellas la Palestina, tarea imposible de concretar por los apetitos voraces de Tel Aviv que, lejos de reconocer los dictados internacionales, ha ocupado y ocupa espacios, levanta muros, y masacra a los pobladores.
La otra punta del triángulo, la de la población, es considerada la más compleja de todas. Ya en fecha tan lejana como 1949 la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU advierte sobre la necesidad del regreso de los refugiados que un año antes habían sido expulsados.
Ninguno de los tres aspectos han sido resueltos en estos 59 años. Al contrario, si en aquella oportunidad no llegaba al millón el número de los primeros refugiados, hoy más de la mitad de la población palestina —4,5 millones de personas— son desterrados o desplazados por la represión de los distintos gobiernos de Tel Aviv.
Dos generaciones de palestinos han nacido y vivido dentro de campamentos de refugiados.
Debe resaltarse que los que cada día combaten contra los ocupantes y agresores israelíes, han nacido y se han formado con ese espíritu de lucha dentro de los campos de refugiados.
Y aunque esos lugares son considerados un símbolo de la naturaleza temporal del exilio y una forma de ejercer el derecho al retorno, para Israel es un viaje de ida sin regreso para millones de seres humanos, a quienes se les niega el derecho de habitar en la tierra que les pertenece.