
Escrito por ismel enriquez palacios
13 de octubre de 2009, 16:47Washington, 13 oct (PL) Después de 11 años de prisión y vaivenes del sistema judicial estadounidense, el antiterrorista cubano Antonio Guerrero fue resentenciado hoy a 21 años y 10 meses .
Condenado inicialmente en 2001 a una cadena perpetua y 10 años de cárcel en un laberíntico proceso judicial, Guerrero y sus abogados esperaban otro dictamen de esta vista oral.
Aunque la resentencia no es tan absurdamente exagerada como la anterior, es también injusta.
Su causa está indisolublemente unida a las de Fernando González, Ramón Labañino, René González y Gerardo Hernández, conocidas internacionalmente como el caso de los cinco antiterroristas cubanos presos en Estados Unidos.
Padre dos veces, poeta e ingeniero en construcción de aeródromos, Guerrero fue acusado de conspiración para cometer espionaje y delitos contra Estados Unidos, ser un agente extranjero no declarado, y portar documentación falsa, entre otros cargos.
Aunque la prensa norteamericana los presentó como espías, ni los 70 testigos citados entonces, los análisis de expertos autorizados en la materia, ni las pruebas recogidas en los 119 volúmenes de transcripciones, probaron su implicación en tales actos.
A Guerrero, como a sus cuatro compañeros, la corte los procesó en base a argumentos insustanciales, en un juicio que el propio sistema reconociera como imparcial y politizado, debido a la presión de los círculos de la ultraderecha cubana en la Florida, particularmente en Miami, donde tuvo lugar el proceso judicial.
Expertos como los generales Charles Whilhem y Edgard Atkinson, el almirante Eugene Carol, el coronel George Busckner, e incluso, el ex director de la Agencia de Inteligencia del Pentágono, James Clapper, negaron que ellos tuvieran acceso a datos clasificados o secretos.
Guerrero trabajaba en una taller de fundición de la Base Naval de Boca Chica, pero nunca solicitó pase de seguridad, visitó zonas restringidas ni intentó entrar en ellas, como comprobaron los agentes federales encargados de vigilarlos por más de dos años.
En todo el proceso quedó en evidencia que la razón de ser de los cinco era evitar acciones terroristas contra Cuba, fraguadas desde territorio norteamericano.
El por qué Cuba infiltra las organizaciones de Miami, lo enunció el propio Guerrero en su alegato en 2001, al recordar a las tres mil 400 personas muertas, las dos mil incapacitadas, y los cuantiosos daños materiales por las agresiones desde Estados Unidos.
En esa oportunidad, denunció la existencia de una verdadera guerra, "voraz y abierta de terrorismo, precursor del horror; de sabotaje, generador de ruinas; de asesinato, causante de dolor, del dolor más profundo, de muerte" contra su país.
Esta agresión ha incluido el reclutamiento, pago y entrenamiento de agentes contrarrevolucionarios; la invasión de Girón; la Operación Mangosta; pretextos para una intervención militar, planes de asesinatos a jefes de gobierno y Estado, dijo.
Asimismo, la "infiltración de grupos armados; sabotajes; violaciones del espacio aéreo, vuelos espías; riego de sustancias bacteriológicas y químicas; ametrallamiento a las costas y edificaciones; bombas en hoteles y otros centros sociales...".
Los responsables de tales hechos gozan de total impunidad en Estados Unidos, como lo hacen los autores confesos de la voladura en pleno vuelo de un avión comercial de la línea cubana de Aviación con 73 pasajeros a bordo.